Los Paralógicos

LOS PARALÓGICOS

“El Fin del mundo es un hecho cósmico y personal. El Acontecimiento no deja de ser universal pero tuyo, por suceder en ti; pero nunca es futuro. Hablando con propiedad el futuro no pertenece al mundo de lo real.”

“El secreto de Muhammad” Abdelmumin Aya

1

            Las constelaciones recién se ven después de discernir que eso no es una multitud de estrellas. Sí, ya sé, me pongo en difícil y los “¿qué querés decir?” me vienen a escrache. Pero, ¿algo te dice eso de “solo el amor salvará al mundo”? No sé, ¿te conté la historia del tipo del tren que va de Retiro a Tigre? Es uno que anda con un bandoneón y antes de hacerse dos tanguitos cuenta que en sueños vio a Jesús. Pavada de visión. Aparte, no contento con la imagen, Jesús le decía: “sólo el amor salvará al mundo”. Con respecto a los tanguitos que se toca, sí son lindos, no los niego, más es la cara que pone, la felicidad que lleva lo que me desorienta. ¡Madre de Dios!, tiene cara que no le alcanza ni para los zapatos y sin embargo, ¡qué cara viejo!

Otra cosa que no le escapa al tema: ¿Oiste lo de las pátinas de Tanizaki? Tanizaki cuenta un secreto: eso de que en el toko- no- ma va un cuadro, donde el dibujo del cuadro importa menos que la pátina del objeto. Él dice que la importancia está en la resquebrajadura del armazón, el aspecto del papel y el color de la tinta. Ahí está lo singular, el llamado a la obra es más importante que la obra misma (¿acaso estos ángeles son más importante que aquel Dios?). Los pliegues dan una asimetría que la luz que llega desde el jardín agencia una belleza sublime. Es así, dejá el cigarrillo y prestá atención. Estos pedacitos que ves, son piezas del rompecabezas, pero hay más piezas donde terminan las piezas, son las del doblez. Te doy otro ejemplo: Charles Fort. Un condenado que cuenta de una escritura antigua tallada en una piedra a treinta y seis centímetros del suelo. Pero pueda que la escritura sea menos conocida que el contenido de la misma, o pueda que los treinta y seis centímetros suelos sea todo un portento para la época, o pueda que el material de la piedra sea singular, o el lugar de hallazgo no lo sea menos. A lo que voy, Charles Fort pone el ojo en los modos de ver más que en lo que se ve. Y eso Tanizaki también lo tenía entendido. En otras palabras, un hombre en el tren hablando de Dios no quiere decir nada, pero si sentís algo hay un plus que solo con carbono catorce desnatás el significado. Porque el tipo del tren, sube y pregona: “Sólo el amor salvará al mundo” y aunque el amor sea un acertijo lo que sí parece firme es que él está feliz.

2

            Omar Bruni subió a la línea quince y nos entregó poesías gratis, “aunque el que quiere colaborar que lo haga”. Colaboramos varios a modo de diezmo para su iglesia itinerante. Sobre la cohesión y la sintaxis, Dios nos libre de Bruni. Sin embargo, es la cara de él lo que otra vez me generó  horror metafísico, de como quien conversa con santos.

¿Entonces existen? Si, viejo, existen. Hay que saber ver para descubrirlos. Primero, te das cuenta por el ambiente, que no es algo sexual sino numinoso, es como una calma que emiten los ojos. Entiéndase, del mismo modo que una ojera imita irritación, un luminar anida en la pupila. Los árboles donde se posa la energía chi son esos paralógicos andantes, peregrinos de la rama mayor.

Paralógicos los llamo y poco se sabe de ellos, pero ellos ven ángeles, seguro. A esos tipos, les terminamos pagando la paz que nos propalan, y no por sus planos que son mamarrachos, mezcla de Uccello con Agalma. Los Paralógicos están saliendo a la calle. No te van hacer más ricos, pero saben que el sueño a realizar es justamente “la defensa  de no matar al sueño” como decía Bruni. Por eso en vez de traer el sueño se zambullen ellos en él. Y navegan en la música lunera, navegan estos bichos y cómo…

            En tanto apariencias, ellos se ven casi igual a los demás, pero como si un taller cuatro, un foto shop les mejorara el rostro (frontalín para lo elefantes, feromonas si es león). Van más allá de las palabras. Porque nombrar una mesa, bueno vaya y pase pero cuando te digo una actitud, te estoy hablando de una conjunción de elementos que originan que todo ese suceso sea como una pieza musical. Al paralógico te lo ves venir, pero no te sentís invadido. Vos lo ves hablar y oís que no tiene malas intenciones. Vos te dejas llevar por él porque está como anestesiando tu lógica.

¿La energía los eleva a los paralógicos? Bueno, no sé, son auténticos; que dentro de tanto hipócrita, cínico y miedosos con ganas, una señal de que por allá y por ahí caminan paralógicos, dale entonces por epifanía y basta.

Ellos son hombres, seguro, que, si les preguntas por qué están con esa sonrisa tatuada, te dirán que no hay ninguna sonrisa y sin embargo… Sonrisa que vive detrás de la boca. Cierto que no son, necesariamente, hombres cultos (aunque podrían serlos). Sí son hombres, hombres que trafican emociones. Sé que como a Cassandra lo que digo no se me cree pero pasa, he visto a dos, y sé que hay más porque ellos son el índice no el epílogo. Los he visto antes, pero no sabía lo que veía. Ahora puedo señalarlos a los paralógicos. Esos hombres siguen un impulso secreto, un perfume que no hace crecer flores todavía.

3

            “Como ellos”, es lo más que uno puede pedir. En la torta de cumpleaños se me dice: “Pedíte un deseo”. “Bueno, quiero ser paralógico y quiero andar descalzo pero sin pincharme, o sea, flotando suavemente”. Y casi que apago la vela número, pero no, la vela no quiere que se apague. La vela se pone caprichosa porque es la candela de Odín. De repente a través de la vela sucede un alephito, un cuadradito, un octaedro. Métete dentro. Alicia, hacelo ahora, dale. Seguí el campo de emanación y vivirás ligero. Que un paralógico saca su oído de su oreja y lo deja en su corazón. Que otros serán mazacotes para celebrar el estruendo que tapa la música de algún paralógico.

 4

Un paralógico es un impostor en  rituales por eso siempre se sienta en el sacrificadero. Los mazacotes se emborrachan y se caen al piso porque ese es su estado. No paran de reírse porque caerse al piso es su objetivo ya que se esconden de las sombras. Sombras que están siempre en alguna superficie (detrás de algún objeto). Los paralógicos se emborrachan hasta dejar caer sus topes, y no paran de reírse para que el nihilismo llegue y luego la trascendencia los transporte no a casa temprano sino de caza y bien tarde.

            Por su parte, las sombras tejen sombreros que la costumbre se pone. Las sombras vienen a uno, más los paralógicos las atraen porque tienen lucecitas de aquella vez que ayudaron a cocer con esperanza el velo de las infelices. Los mazacotes se esconden de la sombras porque son peludos. Además, no quieren sombreros pero los usan igual. Creen que el mejor método para terminar con el problema del pelo es empezar por el cuello: cortar de raíz. Los paralógicos, en cambio, terminan de tantos sombreros como un tótem.

 5

            A medida que más te escribo, el aura mejor se teje en la mano que mira al espejo. La sombra tiene como un brillo propio. El noble sendero es caminado por el crepúsculo. Y yo sigo aquí, con que me voy, me voy y me quedo. Como ese que cuenta historias a los invitados y termina contándole a sus personajes, de una ronda de historias en un país lejano. Como ese que aprendió a escuchar esferas celestes con la luz del planeta apagada. Como ese que llama al mozo mientras pone un pelo en la sopa, o le molesta que haya cabellos de ángel entre el plato y su pelo.

Sé que habrá un día en que el dulce se vaya del chocolate. Para ese entonces, ya no habrá amor de cines, y la cenicienta a las doce se transformará en bicho canasto. Para ese entonces, pedirás a gritos un sonido, pero no tendrás más que fauces, y el león, rey de la selva, se volverá tan estúpido que morderá su cola y creerá en sus heces. Después, las eses de los borrachos. Son eses que nunca permiten que lleguen a horario, por contrario, hacen que se pierdan primero en la ciudad y después en la vida burguesa de carne los domingos, con pan, con vino, con un aplauso para el asador y todo eso

Hay un paralógico recitando poemas pero en realidad lo que hace es contagiar su niñez a todo lo que no supere el metro con veinte. Recupera tu niñez, dale un lindo lugar y verás como pronto, desde lo bajo se ve la inmensidad que a un lungo tapa.

 

 

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